El gastrobar que no quiere tu máquina
Buenos días,
Imagina que entras en un gastrobar nuevo.
Local precioso, iluminación cuidada, una barra espectacular, carta corta.
El café te lo explican casi con la misma pasión con la que nosotros explicamos una máquina nueva.
Y tú miras alrededor buscando mentalmente dónde colocaríamos la máquina.
El problema es que el dueño está pensando exactamente lo contrario:
“Aquí una máquina no entra ni de coña.”
Y no pasa nada. Esto también forma parte de la nueva hostelería.
Durante muchos años la máquina era prácticamente un elemento natural dentro del bar.
Había incluso establecimientos donde tenía su espacio perfectamente definido, su rinconcito donde nadie te veia
Hoy están apareciendo conceptos diferentes.
Negocios con menos horas, otra estética, otra clientela y propietarios que sencillamente no quieren juego dentro de su establecimiento.
Podemos explicarles nuestra propuesta.
Podemos enseñarles un producto bonito.
Podemos hablarles de rentabilidad.
Pero también tenemos que aprender algo:
no todos los bares tienen que ser nuestros bares, no todos los clientes son para nosotros
A veces nos obsesionamos tanto con conseguir un punto que dejamos de preguntarnos si realmente merece la pena conseguirlo.
Porque el buen negocio no empieza cuando conseguimos firmar.
Empieza cuando después aquello funciona.
Para el hostelero.
Para el operador.
Prefiero un establecimiento donde el hostelero entienda el producto, lo cuide y quiera tenerlo…
que otro precioso donde desde el primer día tengamos la sensación de estar pidiendo perdón por ocupar un metro cuadrado.
Y aquí vuelve a aparecer algo de lo que llevamos semanas hablando.
Entender el punto.
No intentar que todos los establecimientos sean iguales.
No intentar meter el mismo producto en todas partes.
Y no confundir tener más bares con tener una operadora mejor.
Pero cuidado.
Porque también podemos cometer el error contrario.
Podemos pensar que un bar no funciona porque la máquina recauda poco.
Cambiarla, volverla a cambiar.
Y seguir sin entender qué está pasando.
Entonces aparece una pregunta bastante más difícil:
¿Está fallando la máquina o está fallando el bar?
Porque dependiendo de la respuesta podemos gastarnos mucho dinero para solucionar el problema equivocado.
De eso hablamos la semana que viene.
Un fuerte abrazo,
Emilio de Hestia.