El bar de toda la vida está desapareciendo. ¿Y ahora qué?

Buenos días,

La semana pasada os pregunté sobre qué temas queríais que habláramos en los próximos correos.

Y uno de los que más habéis elegido ha sido la nueva hostelería.

Así que, como aquí habéis mandado vosotros, vamos con ello.

Y gracias por participar.

Los que llevamos unos cuantos años en este sector hemos visto cambiar muchísimo la hostelería en España. Y muchos de vosotros, bastante más que yo.

Hace 20 años había bares por todas partes.

El típico bar familiar: el padre, la madre, algún hijo echando una mano y cuatro o cinco camareros que llevaban allí media vida.

Abrían a las seis de la mañana y cerraban cuando podían.

Y cuando digo cuando podían, era cuando podían.

Hace 20 años un bar cerraba a las tres de la mañana si hacía falta. Y si había uno jugando a la máquina, curiosamente al hostelero tampoco le entraba el sueño 😂.

Aquella máquina tenía algo maravilloso para un operador:

horas, horas y muchas horas para trabajar.

Hoy esa hostelería está desapareciendo poco a poco.

El dueño se jubila, su mujer también, los hijos muchas veces no quieren continuar y encontrar gente dispuesta a echar las horas que echaba aquella generación tampoco es precisamente fácil.

Mientras tanto está apareciendo otra hostelería.

Más especializada.

Uno hace unas tortillas impresionantes y decide que va a hacer las mejores tortillas de la zona. Otro vive prácticamente de los desayunos. Otro abre para comidas y cenas.

Y otro monta un gastrobar precioso y, como le preguntes dónde ponemos la máquina, te mira como si le hubieras pedido colocarla en la habitación de su casa.

No es mejor ni peor. Es otra hostelería.

Y todos los que formamos parte de este sector —operadores, comercializadoras o fabricantes— tenemos que entenderla.

Porque no solo ha cambiado el bar.

Ha cambiado la máquina, ha cambiado el jugador y ha cambiado la forma de gestionar una operadora.

Hoy tenemos máquinas que hace unos años habría sido difícil imaginar en hostelería y sistemas que permiten organizar una ruta de una forma completamente diferente.

El negocio de la calle cambió y sigue cambiando.

Y podríamos pensar que si cada vez hay menos bares necesariamente tiene que haber menos negocio.

Pero a la vista está que no tiene por qué ser así.

Hay menos bares, sí.

Pero los buenos pueden ser cada vez mejores.

Y ahí creo que está una de las claves de lo que viene para las operadoras de calle.

El próximo miércoles te voy a hacer una pregunta muy sencilla:

¿Qué prefieres: 45 bares o 30?

La respuesta lógica parecen 45.

Aunque creo que ya no lo tenemos tan claro.

Un fuerte abrazo,

Emilio de Hestia.

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Jamie Larson
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