Lo bueno no es el bar. ES EL HOSTELERO.
Buenos días,
La semana pasada terminamos hablando de la calidad de los bares y hoy vamos a hablar de algo que los que llevamos años en la calle hemos visto muchas veces.
A veces pensamos que tenemos un bar buenísimo.
Pero muchas veces lo bueno no es el bar. Lo bueno es el hostelero que hace bueno el bar.
LAS PERSONAS..... LAS GANAS.
Las personas y las ganas lo cambian todo.
Tienes un bar espectacular: abre a las seis de la mañana, no cierra al mediodía, tiene cinco o seis camareros que llevan allí media vida, el dueño está encima del negocio y entra y sale gente constantemente.
Las máquinas funcionan de maravilla y tú piensas:
Este bar es oro.
Hasta que el hostelero se jubila.
Entra otro. Empieza abriendo a las ocho, después decide cerrar al mediodía, los seis camareros pasan a ser tres y el martes por la tarde ya veremos si abrimos.
Y aquel bar que parecía que reventaba empieza a caer.
Entonces suele pasar lo de siempre.
Miramos las máquinas.
El hostelero, que ya no trabaja como trabajaba el anterior, te dice que la máquina no funciona. Que esta ya no vale, que hay que poner el último modelo, que aquella está funcionando espectacular en el bar de al lado…
Y venga máquina para arriba y venga máquina para abajo.
Pero resulta que el problema no era la máquina. Habíamos cambiado de hostelero.
Y también pasa exactamente al revés.
Cuando analizamos o compramos una operadora sabemos perfectamente que no todos los bares que vienen dentro son buenos.
Compras 20 y hay tres o cuatro que miras y piensas:
Madre mía… ¿y esto también venía en el lote?
Pero tienes el punto.
Y a lo mejor dentro de un año se marcha el hostelero que lo estaba haciendo mal y entra otro que abre más horas, limpia aquello, mete buen personal, mejora el servicio y consigue que el bar vuelva a funcionar como tiene que funcionar.
De repente, aquel punto que prácticamente habías dado por perdido empieza a recaudar.
Por eso no basta con mirar cuánto recauda hoy un establecimiento.
Hay que entender qué recauda y por qué lo recauda.
Quién está detrás de la barra, qué edad tiene, qué horario hace, qué personas trabajan allí, qué trato tiene con el cliente y cómo trabaja.
Una buena ubicación ayuda.
Una buena máquina ayuda.
Un buen horario ayuda.
Pero al final hay una persona abriendo aquella persiana todos los días.
Y como suele pasar en casi todos los negocios, el verdadero valor está en las personas.
Ahora bien, aquí aparece otro problema.
Porque puedes tener un hostelero extraordinario detrás de la barra…
y ponerle la máquina equivocada.
Todos hemos visto alguna vez una máquina haciendo una barbaridad en un bar, moverla tres calles pensando que hemos descubierto América…
y que no haga ni para pipas.
La máquina es exactamente la misma.
Entonces, ¿Qué cambió?
Ahí empieza la siguiente parte de esta historia.
Un fuerte abrazo,
Emilio de Hestia.