EL LISTÓN INVISIBLE: POR QUÉ EL PEOR DE TUS EMPLEADOS DECIDE TU RENTABILIDAD (Y TU EBITDA)

Hay una queja que escucho constantemente cuando me siento a hablar de números con otros operadores del sector: "Emilio, es que hoy en día es imposible encontrar personal comprometido. La gente ya no quiere trabajar".

Es la excusa perfecta. Nos convence de que el problema está fuera y de que no podemos hacer nada al respecto.

Pero la realidad que veo cuando audito empresas o analizo sus cuentas de resultados es muy distinta. El problema rara vez es que no haya talento en el mercado. El problema es lo que hacemos con el talento que ya tenemos dentro de nuestros salones, o que no hacemos las suficientes entrevistas y por eso despedimos lentos al peor empleado,

Y aquí hay una regla de oro en la gestión de equipos que duele asumir, pero que es matemáticamente exacta: El nivel de trabajo y de servicio de tu empresa no lo marca tu empleado más brillante. Lo marca tu peor empleado.

La trampa de "compensar" el trabajo Piénsalo un momento. Tienes a ese empleado del que hablábamos en los correos. El que se pasa el turno mirando el móvil, el que resopla cuando entra un cliente a última hora, el que deja la máquina sucia y la pista desordenada.

¿Qué se suele hacer? Como no queremos conflictos, o nos da pereza buscar a alguien nuevo, miramos para otro lado. Y para que el local no se hunda, le cargamos el peso de ese mal servicio a los dos empleados que sí tiran del carro. A los buenos. A los que te apagan los incendios.

Esa es la factura más cara que estás pagando este mes. Porque el empleado tóxico o perezoso no solo te hace perder a los clientes que se sienten ignorados. Además, quema a tu mejor gente. Cuando un profesional ve que él se deja la piel mientras su compañero no hace nada (y ambos cobran a final de mes), su motivación cae en picado. Tarde o temprano, el bueno se marcha a la competencia y tú te quedas con el que pasa el turno mirando la pantalla.

Cómo proteger tu caja y tu tranquilidad Una empresa no es rentable por tener las mejores máquinas de la zona. Una empresa dispara su EBITDA y su valoración económica cuando tiene un equipo engrasado que defiende la recaudación en cada turno.

Para llegar a ese punto, el trabajo del dueño no es estar persiguiendo a la gente por el salón. Es tomar decisiones. Y eso pasa por aplicar tres pasos fundamentales:

1.     Identifica a tus "personas clave": Sabes quiénes son. Los que no hacen ruido, pero lo solucionan todo. Acércate a ellos, escúchalos y asegúrate de que se sienten valorados (económica y profesionalmente).

2.     Deja de cargarles la mochila: No castigues la eficiencia de los buenos dándoles el trabajo que los malos no quieren hacer.

3.     Sube el listón tomando decisiones difíciles: Mantener a una persona que no suma por miedo a no encontrar a nadie más es un suicidio empresarial. Tomar la decisión de apartar a quien contamina el ambiente de tu sala envía un mensaje clarísimo al resto del equipo: aquí se viene a trabajar y se respeta al compañero.

El verdadero valor de tu empresa Todo el mundo con acceso a capital puede comprar los mismos muebles, copiar una reforma y encargar las mismas ruletas. Pero casi nadie logra construir un ecosistema humano que opere de forma autónoma.

Ese es tu verdadero activo. Las empresas más rentables del mercado, las que tienen los márgenes más atractivos, no son un reflejo de su catálogo de productos. Son el reflejo de sus equipos. Demuestran que pueden seguir facturando y dando un servicio impecable cuando el dueño no está físicamente en el edificio.

Gestionar bien no es amontonar nóminas. Es dar con las personas adecuadas para poder estar en paz siempre, sabiendo que tu negocio está en las mejores manos.

Si sientes que tu estructura actual te está quitando más energía de la que te da, o si quieres alinear a tu equipo para maximizar la rentabilidad de tus salones, sabes dónde encontrarme.

Muchas gracias por leernos, por seguir aquí.

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Jamie Larson
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